Historia de los Trenes Argentinos

Esta es la historia del los ferrocarriles argentinos.

La primera línea ferroviaria fue inaugurada el 29 de agosto de 1857, tenía apenas 10 kilómetros de extensión. Las vías no cesaron de extenderse a lo largo y ancho de todo el país.

La Sociedad del Camino de Fierro de Buenos Aires al Oeste tenía su estación terminal en el lugar donde hoy se encuentra el Teatro Colón. Se llamaba Estación del Parque y la primera locomotora de vapor que condujo un tren fue fabricada en Inglaterra, denominándosela "La Porteña".

La iniciativa para su construcción y los capitales necesarios eran enteramente argentinos.

Sin embargo, esta primera y exitosa empresa argentina será finalmente privatizada y vendida a capitales ingleses en 1890 por el presidente Juárez Celman, convirtiéndose en el Ferrocarril Oeste, quedando así todas las líneas ferroviarias en manos de inversores británicos, franceses y belgas.

Entre 1880 y 1915, los distintos ferrocarriles se extenderán de 2200 kilómetros a casi 36.000 kilómetros, convirtiéndose en uno de los más extensos del mundo.

También después de 1908, será el Estado Nacional el que comenzará a desarrollar su propia red ferroviaria al crear la Administración General de los Ferrocarriles del Estado, atravesando zonas escasamente pobladas y vinculando extensas y ricas regiones que se hallaban rezagadas e incomunicadas.

La creciente actividad ferroviaria que controlaba la vida económica de la nación requirió de gran cantidad de trabajadores, muchos de ellos especializados. Cientos de miles trabajaron y organizaron sus vidas alrededor del ferrocarril, ya que en muchos lugares antes que el jefe de policía, el juez de paz o el gerente del Banco de la Nación, los primeros en llegar fueron los ferroviarios y muchos pueblos surgieron alrededor de las estaciones ferroviarias.

Rápidamente crearon sus primeros sindicatos. En 1887 surgió la Fraternidad, el gremio de los maquinistas y foguistas ferroviarios, el primer gremio a escala nacional. Y en 1912 la Federación Obrera Ferrocarrilera, FOF, que daría lugar en 1922 a la Unión Ferroviaria, uno de los grandes sindicatos argentinos.

Índice
  1. Evolución de la Red Ferroviaria Nacional
  2. Luces y sombras del Ferrocarril

Evolución de la Red Ferroviaria Nacional

El Ferrocarril Central Argentino surgió en el año 1854 con la autorización que el presidente Urquiza concedió al ingeniero Allan Campbell para realizar un estudio de su construcción entre las ciudades de Rosario y Córdoba.

Esta comenzó en 1863 a cargo de una empresa inglesa denominada Ferrocarril Central Argentino, llegando siete años después a la ciudad de Córdoba.

En 1916 el Ferrocarril Central Argentino, a pesar de las dificultades que ocasionó la Primera Guerra Mundial 1914-1918, inauguró el primer servicio de trenes eléctricos de América Latina entre las estaciones Retiro y Tigre C, que catorce años después llegaría a Tigre R y Villa Ballester.

Luego de la nacionalización de los ferrocarriles el primero de marzo de 1948 por el gobierno del general Juan Domingo Perón, el Central Argentino pasó a denominarse Ferrocarril General Bartolomé Mitre.

El ferrocarril Buenos Aires al Pacífico vinculó Buenos Aires con las provincias de Cuyo y los océanos Atlántico y Pacífico. Sin embargo su construcción comenzó en 1870 financiada por el Estado Argentino.

El ferrocarril Sur, el más extenso de todos los trazados ferroviarios de nuestro país, comenzó su construcción con capitales ingleses en 1864. Un año después unía Plaza Constitución con Chascomús en Buenos Aires.

Luego entre 1876 y 1880 llega a Dolores, Azul y Ayacucho en provincia de Buenos Aires. Algunos años después alcanza la ciudad de Bahía Blanca en el extremo sur de la provincia de Buenos Aires y su importante puerto de aguas profundas. También vincula la capital de la República con la ciudad de Mar del Plata contribuyendo a su gran crecimiento y posterior desarrollo.

Luego de la nacionalización protagonizada por el gobierno del general Perón pasó a llamarse Ferrocarril Roca.

Los ferrocarriles del Estado y su creciente expansión después de 1908 posibilitó la nacionalización en 1938 del Ferrocarril Central Córdoba y el Ferrocarril Trazandino Argentino construido en 1910 por capitales ingleses.

En 1948 ingenieros argentinos planifican la construcción del ramal Salta Socompá de 569 kilómetros a la alta montaña. Las líneas cubrieron gran parte del país a donde las inversiones de los ferrocarriles privados más relevantes no llegaban.

Sin embargo estos importantes ferrocarriles cumplieron un importante rol al vincular distantes regiones y regular las tarifas de todo el sistema ferroviario. Este conglomerado de trocha angosta después de 1946 pasó a denominarse Ferrocarril General Belgrano.

Luces y sombras del Ferrocarril

Con la nacionalización del sistema ferroviario nacional la extensión de la red alcanzó los 46.000 kilómetros. Se creó la empresa Ferrocarriles del Estado Argentino, EFEA, y se dio un gran paso para el crecimiento y el control del transporte de carga y pasajeros con la integración de las distintas regiones de nuestro país.

El gobierno de Juan Perón también desarrolló la industria ferroviaria con la instalación de la fábrica Argentina de locomotoras FADEL y la expansión de los grandes talleres ferroviarios, verdaderos centros de la producción y el trabajo de calidad.

Es que en realidad una gran parte de la red ferroviaria fue desarrollada por el Estado Nacional y los estados provinciales desde mediados del siglo XIX y luego entregada de manera inexplicable a los capitales privados, sobre todo ingleses.

Raúl Scalabrine Ortiz, gran defensor de la nacionalización ferroviaria, en su libro "Historia de los Ferrocarriles Argentinos", escribió que "estos en mano del Estado estaban mejor administrados que los privados de origen extranjero, sus tarifas más baratas y su servicio más eficiente".

Sin embargo, con el golpe cívico militar que derrocó al general Perón el 6 de septiembre de 1955, finalizó la expansión del ferrocarril.

Los planes de los diferentes gobiernos acentuaron la decadencia del modo ferroviario.

El Plan Larkin, por el general norteamericano del mismo nombre, fue el más devastador de todos durante el gobierno del presidente Frondizi después de 1958.

La red ferroviaria se redujo a poco más de 20.000 kilómetros, con vías en mal estado y sin inversiones en infraestructura y material rodante.

Empresas concesionadas de cargas y de pasajeros reemplazaron a ferrocarriles argentinos.

Sin embargo, nuestro país necesita del ferrocarril y después de 2003, con el gobierno de Néstor Kirchner, comenzó un proceso de recuperación, aún plagado de dificultades, para superar su abandono.

La potente figura del ferrocarril sigue siendo el símbolo del progreso y el desarrollo argentino a través de las diferentes épocas.

La creación de la ADIF en 2009 es una nueva oportunidad histórica para la refundación ferroviaria y expresa una toma de posición más vigorosa del Estado Nacional para que su reconstrucción resulte definitiva.

Expresada con más fuerza aún por su intervención destacada en Tecnópolis, la mega feria de la ciencia, la tecnología y las artes.

El ferrocarril ofrece nuevas e inigualables oportunidades para profundizar la democracia y fortalecer los intereses mayoritarios del pueblo argentino y las economías nacional y regional, para que una sociedad argentina integrada y progresista, con una industria y un ferrocarril recuperados, sean la piedra angular de todo el sistema de transporte nacional al servicio del pueblo y la nación argentina.

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